‘Mensajes Desde Colombia’: El epílogo

Un extracto de mi libro publicado recientemente, Mensajes Desde Colombia: Messages from Colombia (2019), 48 páginas. Regresé a los EE. UU. en agosto de 2018 con más de cien mensajes escritos por miembros de las iglesias presbiterianas de la región de Urabá en el noroeste de Colombia. Aquí les comparto algunos de ellos y mis propias crónicas de la experiencia de ser un acompañante para la paz. Este es un texto bilingüe en español e inglés.

En mis apuntes antes de mi estancia en Colombia en julio y agosto de 2018, yo había imprimido parte del discurso de Gabriel García Márquez cuando ganó el Premio Nobel de Literatura en 1982. En los quince años desde la publicación de su obra maestra, Cien años de soledad, en los años sesenta, se había llenado su consciencia de las tragedias latinoamericanas de aquella época —las guerras civiles, los gobiernos autoritarios y la disminución de la población de países tales como Chile, Uruguay y El Salvador. Tomando esa realidad más amplia en mente, García Márquez repitió el tema de su novela más conocida. Habló acerca de una realidad

que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad. («La soledad de América Latina», 8 de diciembre de 1982, https://www.nobelprize.org/prizes/literature/1982/marquez/25603-gabriel-garcia-marquez-nobel-lecture-1982/)

Desde mi juventud, me ha interesado el concepto de soledad. Por eso yo trataba de subir a los árboles para descubrir un mundo desconocido y lo encontré en los libros que llevaba para pasar las tardes y a veces la noche entre sus ramas.

El regalo más profundo de mis estancias en Colombia ha sido el conocimiento de esta otra variedad de «soledad compartida» que se basa en la solidaridad. Sin buscarlo yo encontré en Dabeiba el mundo de Macondo al cual se refirió Rvdo. Diego Higuita. Trágicamente sabemos que es una realidad de masacres y muerte; no es el paraíso, para nada. En Colombia el dolor de la soledad ya es bien conocido. El genio de la sociedad colombiana —y me refiero acá a la vida cotidiana en lugar de los pasillos de poder de Bogotá o Medellín— es como funcionar a pesar de los temores y a través de una pedagogía colectiva y muy inteligente. Por la alta tasa histórica de violencia, sus ciudadanos han alcanzado el nivel más avanzado de conocimiento acerca de la paz. Son autoridades sobre la conexión humana.

En mis estudios recientes acerca de la sintaxis y otras partes del campo grande del lingüístico, he estado pensando con frecuencia en la cualidad mágica del subjuntivo en el español. El idioma tiene la capacidad, a pesar del miedo verdadero que existe en la vida y especialmente en las vidas de mucha gente de Colombia, de ocultar nuestros temores (y nuestra esperanza) detrás de una máscara lingüística. Ya con la máscara del lenguaje quitada, aprecio aún más profundamente el coraje de los colombianos a los que he conocido. Además me han enseñado acerca de mis propias ansiedades sobre la soledad. En mi mente, por ejemplo, yo escucho a veces la voz de miedo que le gusta repetir: «Tengo miedo de encontrarme solo cuando yo muera». Mis amigos colombianos me han regalado una paz interior por su capacidad de llevar a todos nosotros acompañantes la palabra de Dios, para que ese miedo disminuya, para que yo crea que nunca me quedaré solo por el espíritu de Dios (hebreo רוּחַ) que habita en mi corazón.

Para ordenar el libro por $25: Por favor mande un mensaje a john.turnbull@utsa.edu y añadiré su nombre en una lista. Además introduzca por favor su dirección de correo electrónico y su número de teléfono para asegurar la entrega.

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